Inteligencia artificial: ¿nos hará más libres o más dependientes?

Inteligencia artificial y libertad representadas por una persona ante un cruce de caminos entre naturaleza y tecnología.

Hace ya tiempo que la IA llegó a nosotros… para quedarse. Y hablar de inteligencia artificial y libertad se ha convertido, inevitablemente, en parte del debate. Es obvio que, como en cada cosa novedosa que aparece en nuestras vidas, suscita recelos y alabanzas por doquier. Pero la pregunta que se hace este artículo la considero acertada: ¿la IA nos hace más libres o más independientes? Como todas las preguntas que generan debate, la respuesta inicial debiera ser la misma: depende.

     Yo he llegado a ver por televisión a una chica de unos 18 años explicando que, cuando se ponía a llover, ella le preguntaba a ChatGPT qué ropa ponerse…

     Como escritor, he visto cómo el ser humano ha pasado del ESFUERZO que supone (suponía) escribir un libro, con todo lo que eso conlleva: pensarlo, sentirlo, estructurarlo, darle sentimiento, investigar sobre lo que vas a escribir…, a «escribir» un libro, de la temática que sea, con solamente pedírselo al chatGPT de turno, obteniéndolo en apenas unos minutos (cuando no, segundos). Escritores famosos de hoy en día lo hacen. Lo veo deplorable.

     También yo mismo lo he utilizado para obtener ejercicios de idiomas, que me sirven mucho mientras los estudio; lo cual me ayuda.

     Porque tampoco sería justo negar la otra cara de la moneda. La IA puede ayudarnos a aprender, traducir, investigar, organizar nuestro trabajo o acceder en segundos a conocimientos que antes requerían horas de búsqueda. Bien utilizada, puede liberarnos de tareas repetitivas y dejarnos más tiempo para aquello que verdaderamente necesita de nuestra creatividad, sensibilidad e intelecto. El problema, por tanto, quizá no esté en que la inteligencia artificial piense por nosotros, sino en que nosotros terminemos acostumbrándonos a no pensar pudiendo hacerlo.

Inteligencia artificial y libertad: ¿dónde está el límite?

     POR TANTO, la IA es o no una buena herramienta en función de aquello para lo que se utilice. Pero como somos humanos dirigidos por humanos, debiéramos ser conscientes de la peligrosidad que representa el hecho de que nos acostumbremos a lo fácil y, encima, a una velocidad vertiginosa. ¿Por qué? Porque ello nos hace perder cultura e intelecto a marchas forzadas. La cultura del esfuerzo, la cultura de la curiosidad, del anhelo por el saber… los hemos reducido ya a apretar un botón, a un click. Y eso, creo yo, es destrozar gran parte de la personalidad de nosotros los humanos.

     Es evidente, pues, que la IA es imparable, e incluso creo que irá a más… a mucho más. Escucho y leo información sobre sistemas capaces de planificar, razonar y ejecutar tareas complejas de forma autónoma. Hoy en día, en Japón, por ejemplo, ya existen empresas que están automatizando una parte importante de tareas que antes realizaban trabajadores humanos mediante robots y sistemas de inteligencia artificial… Y esto no ha hecho que comenzar. Lo siento por las generaciones que vienen después de la mía: jamás serán tan felices como nosotros (y no, no es por aquello de que «mi generación fue la mejor», cosa que no pienso), por el mero hecho de que se están encontrando (y esto solo acaba de empezar) con soluciones que siempre tienden a la inmediatez. Y, si bien eso tiene una parte laboral pragmática (para la empresa, claro), a nivel de INDIVIDUO, creo que constituye la alienación más devastadora a la que se va a enfrentar el ser humano (se está enfrentando ya). El resultado, creo —y ojalá me equivoque—, será una sociedad tecnológicamente imparable, con una serie de «adelantos» que a nivel social serán muy prácticos, pero que llevarán siempre, escondida en el zurrón de la vergüenza maquinada, la robotización del humano; un conjunto de personas que cada vez deberán enfrentarse a menos «problemas» porque verán su vida cada vez más dirigida hacia comportamientos intelectualmente estériles, haciéndoles vivir en sus mundos de «yupi».

     Lo dicho: estaré encantado de equivocarme…

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