Ordenar la mente se ha convertido, probablemente, en uno de los grandes retos de nuestro tiempo. Vivimos en un planeta que ya tiene más de ocho mil millones de habitantes. Considero unos privilegiados a quienes viven en los pueblos, posiblemente porque yo vivo en una megaciudad como Barcelona, que, dicho sea de paso, después del 92 dejó de ser la ciudad de los barceloneses, pasando a ser eso que llaman una ciudad «cosmopolita» (las Olimpiadas fueron muy bonitas, y también una «grossen cagaden»).
Basta echarle un vistazo al día a día de nuestras vidas para darse cuenta de que, sin importar dónde vayamos, normalmente siempre estamos rodeados de GENTE. Y, por lo general, de MUCHA GENTE. Por lo tanto, se nos hace difícil la cultura de la introspección debido a que somos personas en torno a personas que no paramos de lanzarnos estímulos unos a otros, de múltiples y variadas formas.
Entonces descubrimos que no podemos dejar de pensar (eso cuando nos damos cuenta). Si lo observamos detenidamente, seremos capaces de valorar lo curioso de la cosa: siempre estás pensando cosas. ¡Hasta cuando crees que no lo haces! Algunas estimaciones sitúan en torno a sesenta mil el número de pensamientos que podemos tener diariamente. Son muchos; demasiados. Creemos que es algo anecdótico, cuando no gracioso… pero no lo es. Muy al contrario: es preocupante. Sobre todo para nuestra psique.
Ordenar la mente: aprender a dejar pasar los pensamientos
¿Cómo solucionamos eso?
Antes que nada, quiero avisar de que NO se trata de «dejar la mente en blanco» ni de «no pensar en nada». Eso NO ES HUMANO. Así que aquellos que hayáis intentado, por activa y por pasiva (y hasta por perifrástica) eso de «no pensar en nada»… es normal que no lo hayáis conseguido.
¿De qué se trata entonces?
Tómate cinco minutos al día. Te hablo de algo tan simple como cinco minutitos. ¿Qué hacer? Siéntate en posición normal: espalda recta (no hace falta que estés estirado ni tensado, por supuesto). Cierra los ojos. ¿Qué va a suceder? Lo normal es que comiencen a venirte toda una serie de pensamientos a tu mente. Normal. No pasa nada. No los juzgues, no trates de «eliminarlos». Simplemente déjalos pasar e invítalos amablemente a que se vayan. Si te enfrentas a ellos, solo conseguirás descentrarte y alimentar el ego. Sin embargo, bendiciéndolos y soltándolos… la paz mental comienza a llegar. ¿Seguirán llegándote más pensamientos? Sí. ¿Cuánto tiempo? Ni lo sabes ni te importa. La cuestión es que si cada día dedicas esos cinco minutos, irás acostumbrando a tu mente a este mecanismo de «dejar pasar con amabilidad» a tus pensamientos. De esta manera, conseguirás tornar esta actitud en algo normal en tu comportamiento mental (lo cual es lo contrario de lo que sientes ahora).
Puedes, con el tiempo que consideres, añadir otros cinco minutitos por la noche, antes de acostarte. Ya sabes… te hablo de solo cinco minutos de tu tiempo. No me negarás que no supone un sacrificio demasiado exigente, ¿verdad? Incluso te animo a que semanalmente vayas añadiendo un solo minuto a esos cinco. El objetivo es una mente ordenada, pacífica; una mente que sepa que, pese a que el ego siempre está al acecho, es lo suficientemente fuerte como para no dejarse atrapar por el desorden que provoca llevar un determinado tipo de vida.
Recuerda: una mente para toda la vida…