Corregir la tartamudez cambió mi vida. Pero para contar cómo ocurrió tengo que empezar mucho antes.
Imaginaos un niño de diez años subido a una fina cornisa del balcón de su casa, sujetándose a un saliente con la mano izquierda y mirando al vacío.
Ahora, imaginaoslo suspendido en el aire, sin estar asido a nada, durante medio segundo…
Sé que medio segundo puede parecer algo imperceptible, algo más corto incluso que un suspiro. Pero no para todo el mundo, dependiendo de la situación en la que se encuentre. Albert Einstein, para explicar su teoría de la relatividad de una manera simple, dijo: «Si pasas un segundo sobre una estufa caliente, te parecerá una hora; pero si pasas una hora cortejando a una chica preciosa, te parecerá un minuto. Eso es la relatividad». Y tenía razón. Algo similar me sucedió a mí durante ese medio segundo.
Afortunadamente, al cabo de ese ínfimo tiempo con mi cuerpo flotando, escuché que del salón de mi casa salía una música tierna y relajante. Concretamente era una canción de Supertramp, en boca de uno de sus solistas, Roger Hodgson, titulada « Rosie Had Everything Planned». Y todavía a día de hoy desconozco la razón por la cual, al escuchar las primeras notas de esa melodía, me así fuertemente al saliente que medio segundo antes había abandonado. Salté hacia el interior de la terraza como pude y, con lágrimas en los ojos, regresé al comedor de casa, escuchando la canción con la cabeza fuertemente cogida entre las manos.
Pero dicen, y dicen bien, que la vida da muchas vueltas. Y la mía las dio, vaya que sí. CUARENTA años después de que casi pasase al otro plano por voluntad propia, conocí en persona al mismísimo Roger Hodgson (ver foto del artículo). Fue en 2017, en un concierto que dio en Barcelona en los jardines de Pedralbes. Pude entrar en el backstage por mediación de Ana López, presidenta del club de fans de Roger Hodgson y amiga mía. Una vez junto a él, le conté la historia. Entonces Roger hizo dos cosas:
Primero me abrazó y me dijo que, a su entender, el universo había decidido que él y yo nos «encontráramos» de esta forma en este plano de la vida.
Después de eso… me sorprendió que me dijera que me sentara en una de las sillas dispuestas ante el escenario. No acabé de entender la cosa, pero, obviamente, le hice caso y me senté en el medio de la cuarta fila central. Imaginaos más de 700 sillas vacías y a mí allí, solo, sentadito. Nadie más.
Vi entonces que Roger subió al escenario, tomó su guitarra acústica de doce cuerdas… y comenzó a tocar «Rosie Had Everything Planned» para mí. Solo para mí… En fin, de esas cosas que no se olvidan y que te hacen ver que vivir es una sucesión de acontecimientos encadenados no por el capricho del destino, sino por algo que desconocemos.
Cómo conseguí corregir la tartamudez
¿Y qué hubo en medio de estos cuarenta años? Un proceso. Un cambiar la mente hasta lograr darle la vuelta como un calcetín, para que aquel verbo que no salía (necesitaba 45 MINUTOS para leer dos ridículas líneas de texto), no solo lograra fluir sino que, además, lo hiciera a modo de conferencias y charlas a otras personas con el mismo problema.
Dicho proceso lo he plasmado en mi libro «Mi gran viaje por la tartamudez» y también en una serie de vídeos en YouTube en el canal «La tartamudez puede corregirse». El porqué de estas dos obras es fácil de comprender. Me consta que hubo tartamudos que no tuvieron la fortuna de tener a su «Roger Hodgson sonoro» cuando tuvieron sus momentos de flaqueza emocional, y no terminaron asiéndose de nuevo al saliente, precipitándose al vacío y poniendo fin a su vida. Y lo hicieron porque, al igual que yo, con diez años y/o con treinta, no fueron capaces de VER que, en contra de lo que pueda contar la «oficialidad», la tartamudez sí puede corregirse. Y esa afirmación NO la hago por mí, sino porque, a lo largo de la historia, son miles las personas que así lo han hecho (rascad un poco en internet y lo podréis comprobar).
Yo logré corregírmela con 30 años aproximadamente. Y NO con ningún método. Ni hablar. Los «métodos» solo funcionan mientras los utilizas, a modo de mecanismo. Pero eres humano, por lo tanto te acabas hartando de estar pendiente del uso del método de turno. Yo elegí hacerlo con un MODO DE VIDA, el cual luego, como os he comentado ya, quise plasmarlo en un libro y en unos 60 vídeos de internet.
Y que nadie se confunda, por favor. Yo no hago milagros. Yo me hice mi modo de vida (mental y espiritual) para lograr fluir sin problemas, pero eso no quiere decir que sea un mago de la tartamudez o similar. De hecho, me ha escrito mucha gente que me ha dicho: «Ostias, Luismi. ¡Gracias! Tu modo de vida me ha venido genial. ¡Ya fluyo!». Y TAMBIÉN me ha escrito gente diciéndome: «Pues mira Luismi, a mí tu modo de vida no me ha servido de mucho, la verdad».
Y así debe ser. Yo no soy una croqueta: yo no puedo gustar a todo el mundo (ni quiero, desde luego). Pero sé que, tanto con mi libro como con mis vídeos, ha habido y hay gente que ha salido adelante, corrigiéndose su tartamudez. ¡Bien por ellos! Si he logrado que siquiera uno de ellos haya decidido que era mejor no saltar… habrá valido la pena, sin duda. Y me siento feliz por ello.
Por último, quiero lanzar un mensaje a logopedas, psicólogos, fonoaudiólogos y no sé qué más «especialistas» en eso del lenguaje. Jamás me escucharéis decir que «no servís para nada». Primero, porque sería una calumnia injusta; segundo, porque sería mentira. Lo que sí os DEBO decir es que, en lo tocante a corregir la tartamudez del prójimo… os falta humildad. Vuestro error consiste en ejercer de «estadistas» antes que de «sanadores del habla ajena». ¿Por qué digo esto? Tenéis la mala costumbre de tomar al colectivo de tartamudos a modo de «Campana de Gauss»; es decir, tomáis la parte central de la función en forma de campana, donde se encuentran los hechos que más se repiten (las personas que tartamudean)… y tenéis la manía de despreciar los extremos de esa campana (las personas que se han corregido su tartamudez). Desconozco por qué seguís manteniendo semejante comportamiento, al igual que no entiendo por qué no nos UTILIZÁIS a los que nos hemos corregido nuestra tartamudez. No digo que vayamos a ser la panacea de nadie, claro que no. Pero decidme una cosa. Si al salir de la consulta del oncólogo, después de que os hayan informado de que padecéis cáncer de páncreas (la tasa de supervivencia global a cinco años está entre el 8 y el 11 %), os encontráis dos puertas, una en la que pone «familiares de fallecidos por cáncer de páncreas» y otra en la que dice «personas que superaron el cáncer de páncreas»… ¿por cuál de las dos salís?
Pues eso… un poco más de humildad, por favor.