Elogio hacia tu persona

Elogio hacia tu persona: reflexión sobre el valor de cada ser humano

¡Hola! Sí, me dirijo a ti, que estás leyendo este artículo. He pensado que sería bueno hacer hoy un elogio hacia tu persona y comentarte toda una serie de aspectos que, quizás, por aquello de que el día a día va muy deprisa, puedas haber pasado por alto durante un tiempo.

          Primero de todo, quiero felicitarte por ser como eres y haber llegado hasta dónde has llegado. Con independencia de tu género, raza y edad, creo que eres digno de que me levante y te aplauda a rabiar. ¿Por qué? Te cuento.

          Fíjate en qué momento de tu vida estás ahora. Pero no lo catalogues de «bueno» o «malo», porque eso es hacerte trampas al solitario. ¿Sabes la de cosas que has tenido que hacer, la de situaciones por las que has tenido que pasar para lograr llegar hasta donde ahora estás? ¡Por supuesto que lo sabes! Y nadie mejor que tú para saberlo. ¡Y fíjate! ¡Mírate! ¡Ahí estás! No me vengas con que estás, a lo mejor, muy jodido, ni con que estás en la cresta de la ola. Eso NO es lo importante. Lo realmente majestuoso en ti es que has hecho auténticas maravillas para estar donde estás. Y eso tiene un mérito increíble.

          Por si alguna vez se te pasa por alto, déjame decirte que tú no debes demostrarle nada a nadie. ¡A absolutamente nadie! Ni siquiera a ti mismo, a menos que quieras ponerte a prueba por algún desafío que TÚ desees afrontar. Sé sobradamente que la sociedad en la que vivimos tiende a hacerte creer que eres alguien que constantemente debe demostrar su valía, mejorar en todo sin descanso y «estar a la última» en casi todos los aspectos que conforman tu vida. Como ya reflexioné al hablar sobre qué significa realmente ser feliz, quizá buena parte del problema esté en buscar fuera de nosotros aquello que solo podemos encontrar dentro. Pues bien: eso es MENTIRA. Tú no le debes nada ni a la sociedad ni a nadie. Tú eres un ser que ha sido puesto en esta vida para experimentarla; solo por eso ya mereces ser aplaudido.

          A veces, me consta, te da el bajón y comienzas a minusvalorar tus logros y tu experiencia de vida. Eres humano, lo comprendo. Pero déjame decirte que en esos momentos tu ego te está jugando una mala pasada y no te deja pensar con claridad. ¿Te acuerdas de aquello que creías firmemente que no lograrías jamás, que eras incapaz de conseguir? ¡Y luego lo lograste! ¿Lo ves? Lo sé, lo sé… Me parece estar oyéndote protestar diciendo: «¿Y todo lo que no conseguí? ¿Qué pasa con eso?». Es fácil responderte a eso: eres un ser humano y, por lo tanto, hay retos que conseguirás y otros que no. ¡Y eso te hace humano!

          Pero no creas jamás que «has fracasado en algo». El fracaso es un invento de la sociedad mediático-política para sacarte de tus casillas y hacerte más controlable, más manipulable. Pero tú puedes deshacerte de todas esas tretas. Basta con que te vuelvas a dar cuenta de lo maravilloso que eres como ser. Piensa una cosa: a lo largo de la historia de la humanidad no han existido, ni existirán jamás, dos seres humanos IGUALES. Ni siquiera los gemelos, ya que difieren en su información genética. Así que date cuenta de que eres ÚNICO. Nunca hubo, hay ni habrá nadie como tú en toda la historia de la humanidad. ¡Jamás! ¡Eres una maravilla de la creación! Eres… maravillosamente tú.

          ¿Cómo dices? ¿Disculpa? ¿Que este elogio hacia tu persona no son más que «palabras bonitas»? Puede que «bonitas» lo sean. Pero no por ello dejan de ser universalmente ciertas. Tu vida es un engranaje dentro de otro mucho más gigantesco. Tú no eres un capricho del destino ni una casualidad de la vida (¡como si las casualidades existieran!). Tú eres un ser dotado de una mente, un sentimiento y una vida destinada a mover el mundo. ¡Y lo mueves! Y no, no… No te voy a decir que lo mueves «trabajando». Eso es anecdótico. Lo mueves con tus pensamientos, tu amor, tu rabia, tu proceder, tus sentimientos… Por eso, en los momentos en que creas que tu vida no tiene sentido o que estás «fallando», vuelve a esto que te he comentado aquí: no eres un accidente. LO ESTÁS HACIENDO BIEN.

          Cuando crees que aciertas, cuando crees que fallas, en realidad estás participando en un plan que, ora usa tus fallos, ora tus aciertos, para un bien mayor. Sí, sí. Te estoy diciendo que hasta cuando crees que has errado le has hecho un bien a la vida. Es más: lo que a la vida que vives le importa de verdad y de lo que realmente se nutre es del sentimiento que le pones a todas y cada una de las acciones que emprendes. Acertar, fallar… es anecdótico.

          Vales mucho, muchísimo, para la vida. Si estás triste y crees que no puedes aportar nada, te equivocas. ¿Por qué? Porque puedes aportar tu tristeza (uno de los muchos engranajes que mueven la vida). Si tienes miedo, gracias por tu miedo. Cuando estés alegre, ¡Dios bendiga la alegría que repartes! Cuando creas que no hay salida para un problema que tengas, sé consciente de que tu problema te está gritando que eres el adecuado para él porque, si no, no habría aparecido en tu vida.

          A ti, en realidad, hay que darte las gracias por muchas cosas. ¡Sin duda!

Un elogio hacia tu persona en forma de agradecimiento

          Gracias por estar aquí, viviendo esta experiencia terrenal.

          Gracias porque, mientras sigues aquí, eres una pieza imprescindible en el devenir del resto de tus semejantes.

          Gracias porque tus errores son los aciertos del universo.

          Gracias porque haces la vida de este planeta mucho mejor por el mero hecho de estar aquí.

          Gracias porque, a pesar de que a veces te rindas, sabes que esa rendición es, en realidad, un mirar a la vida, confiando en ella para que, al dejarte llevar, sea ella quien ponga las cosas en su sitio.

          Gracias por tus lágrimas, porque refrescan los corazones de otros afligidos, puesto que los sentimientos también viajan por el aire tocando con una varita mágica a tus semejantes.

          Gracias por ser como eres, estar donde estás, sentir como sientes y vivir lo que vives. No se te puede pedir más.

          Gracias por todas las veces que has vuelto a levantarte, incluso cuando estabas convencido de que ya no te quedaban fuerzas para hacerlo. Ahí le regalaste PODER a la vida.

          Gracias por las personas a las que has ayudado sin siquiera darte cuenta, porque muchas veces una palabra, una mirada o un simple gesto tuyo ha podido cambiar el día —o quizá la vida— de alguien. Gracias por tu amor silencioso.

          Gracias por tus dudas, porque son la prueba de que sigues haciéndote preguntas y no has permitido que las certezas de otros decidan por ti cómo debes entender la vida. Eres una materia prima extraordinaria.

          Gracias por tus miedos, porque cada uno de ellos te ha mostrado dónde estaban tus límites aparentes y te ha dado la oportunidad, quisieras o no, de mirar un poquito más allá. ¡Y qué bien lo has hecho!

          Gracias por las veces que dijiste «no puedo» y, aun así, seguiste caminando. Porque quizá no llegaste adonde pretendías, pero tampoco te quedaste exactamente dónde estabas. ¡Victoria! ¡Siempre victoria!

          Gracias por todas las personas que has amado, incluso por aquellas que ya no forman parte de tu vida, porque algo de lo que sentiste por ellas continúa formando parte de quien eres hoy. Derramaste amor, sea como fuere. ¡Bien por ti!

          Gracias por no ser perfecto. ¡Menudo aburrimiento sería que lo fueras! Tus contradicciones, tus equivocaciones, tus rarezas y hasta esas cosas de ti que a veces no soportas son también las que hacen que seas maravillosamente tú. Recuérdalo siempre: ¡eres ÚNICO!

          Gracias por seguir aquí. Porque mientras estés aquí habrá una palabra tuya que todavía no has pronunciado, alguien a quien aún no has conocido, una emoción que todavía no has sentido y un pedacito de vida que, sin saberlo, está esperando a que llegues.

 

Gracias, finalmente, porque no podrías hacerlo mejor…

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